Hacia un museo transformador

En El Museo Transformador apostamos por un museo contemporáneo determinadamente dedicado a producir transformaciones constatables en la cultura y la educación de la sociedad, empleando para ello el lenguaje museográfico que le es propio. Por ello identificamos una serie de cambios que queremos fomentar, a fin de contribuir a su consolidación:

De finalidad a medio de comunicación: creemos que en las últimas décadas los museos están pasando de ser instituciones dedicadas casi exclusivamente a la conservación, catalogación, desarrollo y exhibición de una colección, a convertirse en un medio de comunicación social, proceso todavía no completado y en el que se hallan inmersos.

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La colección —que en los museos decimonónicos se visitaba por su valor intrínseco— no es que hoy en día lo haya perdido, sino que ahora éste se ensalza al ponerlo al servicio de un relato de intención educativa que la exposición quiere transmitir. La pieza de colección pasa así de ser un fin en sí misma, a un medio de comunicación para educar. Esta nueva dinámica deja expedito el paso de un lenguaje autónomo, independiente y endémico de los museos, que tiene la exposición como producto natural: el lenguaje museográfico. De este modo, y como medio de comunicación de pleno derecho que entendemos que es, el museo no se limita solo a transmitir información, sino a poner en común y compartir opiniones, sensaciones, inquietudes, sentimientos, visiones, sueños, anhelos, frustraciones, esperanzas, intuiciones, intereses o pasiones; con el fin de fomentar la búsqueda y el desarrollo del conocimiento, y siempre empleando los recursos del lenguaje museográfico.

De entertainment a enlightenment: desde sus inicios, los fundamentos básicos de los museos tuvieron que ver con provocar un estímulo intelectual especialmente singular y emocional. Una dimensión elevada del concepto de aprendizaje y formación, a la vez que un privilegiado recurso para una formación integral de todos los ciudadanos en el más amplio sentido.

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En El Museo Transformador, pensamos que, con el paso de los años, en muchos casos los medios se han ido convirtiendo en fines, y son muchos los museos que, sorprendentemente, guardan intensas concomitancias con los parques de atracciones y otras entidades dedicadas al entertainment, al show business o al attractions industry, a pesar de pretender estar ofreciendo un servicio educativo. Ello es fruto de un marketing que busca adaptarse a los públicos para atraerlos, sustituyendo o a un liderazgo que debería atraer a los públicos para transformarlos.

De lo cuantitativo a lo cualitativo (impacto social del museo): hoy, los museos miden el número de visitantes (así saben cuánto el museo atrae) y también ponderan la satisfacción de los visitantes (así saben cuánto el museo gusta), no obstante, llegado este punto el museo sigue sin saber nada acerca de su impacto social: es decir, cuánto el museo transforma.

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Las métricas cuantitativistas se han impuesto en todos los órdenes sociales de la actualidad, sobre la base de una orientación hacia la búsqueda de un beneficio rápido —casi siempre directa o indirectamente económico—, paradójicamente, incluso en aquellas entidades que no pertenecen al sector privado. Para la evaluación de sus resultados, los museos han extrapolado ciertos indicadores de efectividad que quizá sirvan a otros establecimientos, pero no a los museos entendidos como organizaciones de impacto educativo social. El museo contemporáneo se intenta servir, pues, de indicadores cuantitativos para tratar de valorar impactos cualitativos, una intención que se antoja realmente complicada. Así, los visitantes reconvertidos en objetos de un servicio más que en sujetos de una transformación, pueden identificar el museo  con un equipamiento más de ocio y tiempo libre, acaso con un cierto barniz cultural.

De la orientación hacia lo ejecutivo, a la orientación (primero) hacia lo estratégico: el pleno desarrollo de una gestión estratégica regular y estable en los museos se encuentra ante muchas dificultades  (característica que, dicho sea de paso, comparten los museos con otras entidades de acción social o cultural), creemos que , con demasiada frecuencia, se ha terminado apostando por un estilo de gestión basado en la inmediatez ejecutiva y en la opción sistemática por lo aparentemente práctico y rápido, de modo que eficiencia se confunde con reduccionismo.

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A menudo esta es una dinámica además intensamente fomentada por ciertas empresas externas que alivian a sus museos-clientes presentándoles como resolutiva y eficiente una gestión que en realidad es precipitada y cortoplacista. Muchos museos desnortados estratégicamente se dedican pues a improvisar —a veces apresuradamente— todo tipo de actividades más o menos originales o de moda —sean museográficas o no—, explicando esta dinámica en el contexto de una vocación presuntamente plural, transversal o incluso evolucionada. Esta actitud en realidad deja entrever dispersión y desenfoque en los objetivos sociales que deberían ser propios, singulares y de largo plazo. El sentido expeditivo se puede confundir con la precipitación y todo parece consistir en, ante todo, hacer muchas cosas. Este factismo o febril actividad ejecutiva —que contrasta con una casi nula actividad estratégica a largo plazo—, en muchas ocasiones se corresponde con empeños aislados sin contextualización en una narrativa más amplia, ya sea previa o posterior a la visita. El trabajo sobre el lenguaje museográfico, activo clave y endémico del museo que debiera ser un elemento nuclear de su acción, pasa así paradójicamente a un segundo plano, otorgando al museo el aspecto de un establecimiento redundante sobre lo que ya ofrecen otros lenguajes o espacios, tales como los centros cívicos o centros culturales. El museo pierde así su singularidad y sentido global, y se posiciona en una peligrosa situación de prescindibilidad social.

De la sangría al vino: pensamos que el lenguaje museográfico, como el lenguaje cinematográfico, el lenguaje escénico o el lenguaje literario, tiene su propia personalidad, su propia singularidad y sus propios recursos endémicos.

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Sin embargo, a menudo la exposición, entendida como producto natural y propio del lenguaje museográfico, ha ido derivando hacia un producto casi por completo de interiorismo, sobredimensionando su pretensión estética sobre su función ética; una exposición llamativa pero comunicativamente poco eficiente, con abundancia de ocurrencias vistosas pero falta de creatividad; una exposición reducida en ocasiones a un cóctel más o menos atractivo de productos de otros lenguajes enclavados con mayor o menor fortuna en una sala, en el contexto de una actitud en la que el concepto de I+D+i museístico ha perdido todo su significado. Por todo ello creemos que la exposición no debería ser como una irrelevante jarra de sangría que surge de combinar varios ingredientes dispares; sino como una botella de vino trascendente y singular, que procede de cultivar la viña y que no se puede obtener como la mezcla de otras cosas.

De la dispersión al enfoque: a pesar de todo, creemos que es relativamente fácil identificar el core business (competencia distintiva) del museo, que se basa justamente en trabajar sobre los recursos propios del lenguaje museográfico fundamentados en el objeto y la experiencia tangibles.

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En épocas recientes, estos activos han sido sorprendentemente sustituidos en las salas de exposición por productos de otros lenguajes que quizá podrían tener en la salas un papel auxiliar, pero que en todo caso ya tienen sus propios medios, recursos y espacios, y que poco o nada tienen que ver con el lenguaje museográfico. A nuestro entender, el hecho de que en una sala de exposiciones o museo quepa físicamente cualquier cosa —literalmente— y que ello sea susceptible de ser visitado, no significa que eso esté aportando algo verdaderamente adecuado, relevante u oportuno a la experiencia museística. Pensamos que las nuevas tecnologías tienen plena cabida en las exposiciones y son el producto natural del I+D+i museístico, pero habrán de ser —obviamente— nuevas tecnologías propias del lenguaje museográfico, no de otros lenguajes (típicamente los recursos digitales).


Si tú también crees en un museo contemporáneo capaz de producir transformaciones constatables en la sociedad, adhiérete a nuestro manifiesto.

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